Se ha producido un error en este gadget.

martes, 23 de noviembre de 2010

viernes, 19 de noviembre de 2010

Julian Rosefeldt


Julian Rosefeldt (Munich, 1965) es un artista imprescindible para comprender las dinámicas expansivas de los soportes audiovisuales en el siglo XXI. Frente al estilo aparentemente amateur, tan frecuente en una parte significativa de la producción videográfica contemporánea, las instalaciones de Rosefeldt -que trabaja casi siempre con película de 16 y 35 mm- parten de un concienzudo replanteamiento de la propia “experiencia expositiva” en donde la puesta en escena se cuida hasta el más mínimo detalle.
Dotados a menudo de una estructura narrativa circular, fragmentaria y polifónica, sus trabajos se erigen como experiencias inmersivas que sumergen al espectador en un laberinto de proyecciones en las que se plantean nuevas relaciones semánticas, espaciales y emocionales con la imagen en movimiento.
Desde un punto de vista temático, las videoinstalaciones de Rosefeldt de-construyen las narrativas lineales del cine de género o el docudrama y al mismo tiempo “ponen en escena”, rituales cotidianos cuidadosamente coreografiados, que parecen haber sido sacadas del mundo de los sueños y nos obligan a reconsiderar de modo permanente los límites entre realidad y representación

jueves, 18 de noviembre de 2010

Principios de los animadores

video

Las Flores de Harrison


Particular odisea de una mujer estadounidense que se adentra en medio del polvorín del conflicto yugoslavo en busca de su marido, un fotógrafo que ha sido dado por muerto. 1991. Harrison es un reportero de guerra de la revista Newsweek. Su buen hacer le ha valido la fama, pero él está cansado de presenciar tantas muertes y desea retirarse, estar más con su familia y dedicarse a su verdadera pasión: el cuidado de las flores. Antes de su retiro deberá viajar a Yugoslavia para cubrir "los inicios de un conflicto menor". Harrison promete a su mujer que estará de vuelta para el cumpleaños de su hijo, pero llega la fecha y no regresa. Al poco tiempo es dado por muerto. Sin embargo, su mujer, Sarah, no lo tiene nada claro, y decide viajar a los Balcanes para traérselo de vuelta. Su objetivo es llegar a Osijek, el pueblo donde Harrison desapareció.


Chouraqui divide la película en dos partes bien diferenciadas, una de ellas ambientada en América, donde muestra la vida familiar del matrimonio, la relación de Harrison con sus colegas y la posterior incertidumbre de su desaparición. Cuando parece estancarse la narración, ésta da un giro inesperado y nos muestra la escalofriante odisea de un grupo de reporteros en plena guerra civil. Elie Chouraqui no tiene compasión a la hora de mostrar escenas de brutal violencia, con una fascinante puesta en escena que alcanza cotas de gran realismo y es capaz de helar la sangre al espectador (aviso: el asesinato de los niños en Vukovar no es apto para pieles sensibles). A todo este atroz conjunto ayuda la soberbia interpretación de Andie MacDowell, quizá en el mejor papel de su carrera. La película obtuvo la Concha a la Mejor Fotografía en el Festival de San Sebastián y fue galardonada con el Premio del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC).

si quereis ver la pelicula online...http://www.veocine.es/pelicula/las_flores_de_harrison_98738.html

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Ensayo sobre la ceguera



Ensayo sobre la ceguera es la décima novela de José Saramago, publicada en 1995, y junto a Todos los nombres, editada dos años después, supuso el salto de calidad definitivo que lo llevó a ser considerado merecedor del Premio Nobel de Literatura, honor que le otorgó la Academia Sueca en 1998.

‘Ensayo sobre la ceguera’ no es un ensayo, pero tampoco es una novela; al menos, no sólo una novela, sino un híbrido de ambos géneros que, fusionados, multiplican sus cualidades gracias al buen hacer del escritor luso. Aprovechando la cercanía entre el gallego y el portugués, escogí leerla en su idioma original, algo que aconsejo a todo el mundo, especialmente a mis paisanos: requiere cierto esfuerzo inicial y comenzar con lentitud, pero llegará un momento en que el cerebro te hará ‘click’ y a partir de ahí podrás disfrutar del inmenso placer de leer a Saramago en su lengua materna. La traducción española, publicada por Alfaguara en 2001, está llevada a cabo por Pilar del Río, mujer del escritor portugués.

La novela (que esta vez no os voy a destripar) aborda el caos producido por una inédita plaga de ceguera repentina que abate a una ciudad no identificada. Dicha “ceguera blanca” (así es como la definen los afectados, pues lo único que pueden ver es un infinito manto lechoso) es científicamente inexplicable, incurable y muy contagiosa. Al comienzo de la pandemia, el gobierno intenta tomar cartas en el asunto, poniendo a los enfermos en cuarentena. Allí acabarán todos nuestros protagonistas y, a medida que la catástrofe avanza y el Estado se ve desbordado, sus condiciones irán empeorando hasta convertirse en un auténtico drama humano.

El viaje del elefante


A mediados del siglo XVI el rey Juan III de Portugal decidió regalarle su elefante al archiduque Maximiliano de Austria aprovechando su estancia en Valladolid. El elefante, de nombre Salomón y más tarde Solimán, atravesó Portugal y Castilla, el Mediterráneo, Italia, los Alpes y finalmente el Danubio hasta Viena. A mitad de camino hubo un milagro y al final otro. Esa es la historia. Como diría Vonnegut y seguramente rubricaría Saramago, aunque de una manera mucho más alambicada: Así fue.

Ojo: que la cosa sea sencilla no significa que sea pobre, ni mucho menos. Es como la boa con un elefante dentro que dibuja el aviador para el Principito, y los adultos confunden con un sombrero. Es una novela hecha a la medida del elefante, a sus espaciosas hechuras. Podríamos creer que el paquidermo necesita grandes arquitecturas literarias y lenguaje frondoso para estar a sus anchas, pero aprendemos por el camino que es justo lo contrario. Salomón es una animal cachazudo, noble y juicioso al que le gustan las cosas directas aplicadas en su medida necesaria.

No se trata simplemente del viaje organizado entorno al elefante. Se trata de cómo el elefante organiza el mundo a su alrededor. Y es que un elefante es una cosa increíble si te paras a pensarlo, igual en el siglo XVI que ahora, a caballo entre la certeza biológica y lo imposible. A esto es a lo que juega José Saramago: a adivinar cómo los hombres grandes y pequeños, del humilde cornaca al archiduque, son transformados por esa experiencia.

Algo que apreciará pronto el lector habitual de Saramago es que esta es una de sus novela más gozosas de leer. El Nobel portugués no renuncia a sus caprichos sintácticos, a escribir de renglón seguido sin hacer diálogos ni usar mayúsculas más que al comienzo de cada oración, pero a estas alturas los domina con suficiente soltura como para que se acepten con naturalidad.

Por otra parte refrena en gran medida uno de sus tics más antipáticos para el lector que es el de las digresiones, romper la narración con una tirada extemporánea que marca distancias con el relato. Aquí, por ejemplo, el hecho de que las localidades alpinas tengan nombre alemán pese a estar en Italia le dan pie al narrador a protestar por la actual anglificación del Algarve. Estas salidas de tono saramaguianas, como decimos, están afortunadamente atemperadas.

Lo cual deja via libre a un desarrollo con forma de cuento, algo que sigue los parámetros de una novela histórica pero permitiendo pequeñas y significativas irrupciones de lo imaginario y lo fantástico. Todo ello impregnado del humanismo irónico que es marca de la casa. El bueno de Salomón es espectador inocente (y no sabemos si realmente inconsciente) de toda una comedia humana: de los católicos reyes portugueses que idean regalarlo en un momento de tedio de alcoba; de los capitanes que fantasean con que sea su billete a la gloria militar; de los clérigos que se empeñan en milagrear con él. De todos lo que, en definitiva, contraeran un vínculo moral con el elefante.

Es una novela que se presenta como coral ya que su protagonista es básicamente un sujeto paciente, que no se opone al viaje pero hace valer sus condiciones. Los que actúan son los hombres a su alrededor. Sin embargo sí hay un personaje que descolla sobre los demás. Se trata del cornaca indio de Salomón, que durante la mayor parte del libro se llama Subhro. En este universo que gira entorno al elefante es normal que la persona más cercana a él sea la más importante. Hasta el punto de poder decir que, lo mismo que la trompa es su apéndice prénsil, Subhro es el apéndice humano de Salomón.

Subhro es un tipo de los pies a la cabeza con sus anhelos, sus inquietudes y la mayor dosis de sentido común de entre todos los que salen al paso del elefante, por lo que la complicidad entre él y el lector es inmediata. Pero también es otra cosa: es el intermediario entre los demás y el misterio del elefante, algo que él mismo asegura no entender bien. No es una relación entre amo y animal lo que comparten, ni siquiera entre padre e hijo: es algo mistérico, rayano en la mitología hindú que Subhro cita en ocasiones. Y gracias a él el resto participa de la comunión, como en los momentos de mágica empatía en los que Salomón se despide de sus compañeros.

El viaje del elefante es una lectura que aúna ternura, algo no muy frecuente en Saramago, con una mirada incisiva sobre la naturaleza humana y un agudísimo sentido del humor malvado. Una gozada para todos los públicos que presenta el riesgo de leerse de una sentada.